«Vuelo a París por 19 €» y luego resulta que París está a 85 kilómetros. Los aeropuertos secundarios pueden ser el mejor truco de esta lista o una trampa, y la diferencia se decide con una resta de dos minutos.

Qué es exactamente un aeropuerto secundario

Es un aeropuerto más pequeño y alejado del centro que el principal de la ciudad, con tasas más bajas para las aerolíneas. Ese ahorro se traslada al billete: por eso las low cost operan desde ahí. No es un engaño, es un modelo de negocio. El problema aparece cuando comparas el precio del billete y no el del viaje.

La cuenta que hay que hacer

Siempre la misma, y es una resta:

Ahorro real = (precio principal − precio secundario) − traslado ida y vuelta − lo que valga tu tiempo

El traslado son entre 15 y 25 € por trayecto en la mayoría de secundarios europeos, así que 30–50 € ida y vuelta por persona. Si ahorras 40 € en el billete y el traslado te cuesta 35, no has ahorrado: has hecho una hora más de autobús gratis.

Y multiplica por los que viajáis. Un ahorro de 45 € por billete para cuatro personas son 180 €, y ahí el traslado casi siempre compensa. Para uno solo, la cosa cambia.

Los casos más habituales desde España

Cuándo no compensa, casi nunca

El detalle que arruina el ahorro: el último bus

Es el fallo más caro y el más fácil de evitar. Muchos vuelos low cost aterrizan tarde, y el último autobús al centro puede salir antes de que hayas recogido la maleta. Si eso pasa, el taxi desde un secundario cuesta bastante más que todo lo que te habías ahorrado.

Antes de reservar un vuelo que llegue después de las 22:00, comprueba dos cosas: el horario del último traslado y cuánto costaría un taxi si lo pierdes. Si el taxi se come el ahorro, coge el otro vuelo.

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